email print share on Facebook share on Twitter share on LinkedIn share on reddit pin on Pinterest

SAN SEBASTIÁN 2026 New Directors

Crítica: Bloques erráticos

por 

- En su primer largometraje el chileno Thomas Woodroffe ofrece una evocadora revisión a las imágenes filmadas por Paul Castelnau en Tierra de Fuego a principios del siglo XX

Crítica: Bloques erráticos
Denis Lavant en Bloques erráticos

La sección New Directors del Festival de San Sebastián es un escaparate privilegiado en el que se reúnen año tras año nuevas y muy diversas voces del panorama cinematográfico mundial. Este año una de esas voces es la del chileno Thomas Woodroffe, que debuta en el largometraje con Bloques erráticos, una de las propuestas más radicales, únicas y estimulantes de la selección.

La película, o el poema audiovisual, o el ensayo filosófico sobre la descolonización, porque un poco de todo eso es la propuesta de Woodroffe, circula alrededor de la figura del geógrafo francés Paul Castelnau, un explorador que en 1925 recorrió la región de Tierra de Fuego, documentando los usos y costumbres de sus habitantes. En Bloque erráticos, el fantasma de este hombre sale de su letargo y se apodera del cuerpo de un técnico de mantenimiento encarnado por Denis Lavant. Se trata de un trabajador ocupado en la reparación del aire acondicionado de un archivo cinematográfico, lugar que alberga la cinta filmada por Castelnau.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
insularia_Josué

Con la misteriosa forma de viajar que tienen los fantasmas, nos sumergimos en un recorrido por la fascinante geografía fueguina, acompañados en todo momento por la subyugante voz de Lavant-Castelnau, que entreteje reflexiones pasadas, presentes y futuras sobre las ideas que estos paisajes y sus habitantes despiertan en su memoria. No vamos a engañarnos, la propuesta de Woodroffe es un visionado exigente que pide la atención y la participación del espectador. Es probable que esto aleje a la obra de un público masivo, pero no lo es menos que su peculiaridad la convertirá en una pieza a atesorar para no pocos cinéfilos.

Además de por la potencia estética de las imágenes y los sonidos que deambulan por la pantalla, y por la riqueza intelectual y poética del discurso del narrador, la película encuentra su valor por el juego metacinematográfico que se establece. El fantasma de Castelnau descubre que su trabajo yace olvidado en el armario de un sótano y que el juicio que hacen de él los ojos del presente no es en absoluto benévolo. Rescatando su trabajo, Woodroffe parece querer reflexionar sobre la trascendencia de la creación artística y cinematográfica, pero también sobre su transitoriedad y fragilidad ante el implacable paso del tiempo.

Recuperando a Castelnau no parece que el cineasta chileno esté queriendo rendirle un homenaje, pero tampoco se trata de vilipendiar su figura. Woodroff se muestra comprensivo y en cierto modo empático con su trabajo, lo cual no quiere decir que la película no sea crítica y deje de intentar, en cierta manera ajustar cuentas. Al final, los auténticos héroes son los seres humanos que pasaron delante del objetivo del viajero francés en el primer cuarto del siglo pasado. Personas retratadas desde el prejuicio y el sentimiento de superioridad a las que Castelnau no fue capaz de entender en toda su riqueza y complejidad y a las que Bloques erráticos alumbra con una nueva luz, una luz que quizás anuncie la inminencia de un futuro más esperanzador.

Bloques erráticos es una producción de Fiebre (Chile), La Belle Affaire Productions y Un Puma (Argentina). Las ventas internacionales corren a cargo de MPM Premium.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy