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SAN SEBASTIÁN 2026 Competición

Crítica: Sants

por 

- El segundo largometraje de Mikel Gurrea penetra, a través de los ojos de su actriz fetiche Victoria Luengo, en el oculto mundo de los robos de arte religioso por parte de una banda

Crítica: Sants
Victoria Luengo en Sants

El barrio barcelonés, que se extiende alrededor de la estación de tren homónima, donde reside el cineasta donostiarra Mikel Gurrea es también el título de –y donde transcurre–  su segunda película Sants, que compite esta semana por la Concha de Oro en el 74.º Festival de San Sebastián, el mismo en el que presentó, hace cuatro años, su vigorizante ópera prima Suro, protagonizada, como esta que nos ocupa, por Victoria Luengo (actriz clave en el cine español de este año, con Amarga Navidad y El ser querido).

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Pero si en su debut en la dirección de largometrajes eran los escenarios naturales y la luz del sol elementos que condicionaban su trama, ahora son la oscuridad y lo urbano componentes fundamentales de Sants, nombre cargado de doble (incluso triple) sentido aquí que narra cómo Lali (Luengo), un ser errante y errático, regresa a su hogar cuando recibe una llamada de su madre Gloria (Ariadna Gil), quien está muy enferma y reclama su ayuda.

Una vez en casa, la pésima relación que siempre mantuvieron hace saltar chispas entre ellas, y la hija, al tiempo que se introduce en una banda que roba esculturas sacras de las iglesias y conventos, se fascina con su líder Rosario (una tremenda Eulalia Ramón), exmonja que conoce al dedillo tanto los bajos fondos del trapicheo como las iglesias y cementerios como potenciales botines. Además, promete a la chica ayudarle en esos cuidados que precisa su madre.

Con este planteamiento, sencillo y escueto (coescrito junto a Fran Kosterlitz), Gurrea ha construido una historia de mujeres que se apoyan entre sí y un film de atracos sumergido en la oscuridad de la noche y con unos personajes ariscos, toscos, ásperos y poco comunicativos, que se agarran a cualquier clavo ardiendo para seguir (mal)viviendo, sea la fe religiosa o su cara B, la delincuencia.

Pero esas tinieblas que rodean a sus actrices acaban también eclipsando la emoción de un film que pide a gritos más luz en su desarrollo, para que sus personajes no resulten casi fantasmales frente a un espectador que no acaba de entender con claridad sus actos, ambiguos y confusos. Y aunque ofrece momentos de belleza subyugante (ese comienzo recogiendo espárragos en el campo de noche, alumbrado por linternas, o esas tallas religiosas flotando en el mar), una imagen siniestra de Barcelona que puede ahuyentar a sus turistas (subrayada por la espontaneidad de los actores naturales del propio barrio de Sants que intervienen) y aborda temas interesantes como la responsabilidad familiar, la fe, la enfermedad terminal y los cuidados, éstos están susurrados, afectados de un falta de energía que no les permite respirar.

Sants es una película hispano-italiana de Nocturna Pictures, en coproducción con Lastor Media, Deliris Films y Kino Produzioni. De sus ventas internacionales se ocupa la agencia alemana M-Appeal.

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