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SAN SEBASTIÁN 2026 Proyecciones especiales

Crítica: Último adiós

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- Koldo Almandoz firma una comedia con un sentido del humor de corte existencialista, atreviéndose a bromear con asuntos serios como el edadismo o la mismísima muerte

Crítica: Último adiós
Iñigo Azpitarte en Último adiós

Al cineasta donostiarra Koldo Almandoz se le conocía hasta ahora por films como Sipo phantasma y Oreina o la estupenda serie Bocas de cielo (Zeru ahoak), todos ellos títulos dramáticos, por eso no deja de sorprender que haya transitado a la comedia con su nuevo largometraje, Último adiós, presentado entre las proyecciones especiales del 74.º Festival de San Sebastián.

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Pero esta cinta no es una comedia al uso. Su humor no es de carcajada, ni sus gags de aullar: es soterrado, suave, cocinado a fuego lento y a base de pinceladas. Para lograr la sonrisa del público se ha valido de la complicidad de su actor protagonista, Iñigo Azpitarte (Handia, La infiltrada), que interpreta a Tomás, un hombre corrientemente patético, no un galán, sino a uno de nosotros, con el que te puedes topar en la ferretería o la churrería del barrio.

El intérprete da vida a un propietario de una empresa de funerales laicos, también padre separado y con una hija a la que desea demostrar que es un competente progenitor, que se enamora de su becaria: una estudiante en prácticas 25 años más joven (encarnada por Izaro Nieto) mientras un boxeador retirado al que debe dinero (Josean Bengoetxea) corre detrás de él junto a sus dos musculosos compinches…

Con estos elementos Almandoz ha construido lo que él mismo define como una fábula contemporánea, un retrato de un tipo vulgar y algo ridículo, en continua crisis personal y profesional, que se mete en más líos de los recomendables y que tendrá que sobrevivir en un mundo grisáceo y antipático, nada glamuroso. Todo ello genera una empatía por momentos tierna: ahí reside una de las virtudes de un film que además contiene momentos de ocurrente puesta en escena, como la persecución automovilística de fondo mientras el antihéroe cruza en primer plano la pantalla o la que abre el largometraje, que transcurre en medio de un campo de molinos generadores de energía eólica.

Emparentada en su tono con la comedia italiana clásica, la de El apartamento de Billy Wilder y la nórdica de Aki Kaurismäki, esta película está atravesada por una melancolía existencialista que la hace diferente al resto de títulos de su género que se estrenan comercialmente. Ahí radica su originalidad y osadía, pero también su mayor riesgo, pues no será del agrado de quien busque épica, espectáculo y risotadas.

Porque aquí se sugieren, con ironía y un sentido clásico de la puesta en escena (con especial atención a los encuadres armónicos), asuntos en principio serios como los sueños rotos, las paternidades con sentimiento de culpa y las diferencias generacionales a través de un personaje más desastroso que heroico. Este, además, trabaja en un negocio funerario, todo un contexto –ahí están series como A dos metros bajo tierra para corroborarlo– donde la tristeza se alinea con los afectos y, por qué no, con el humor elegante.

Último adiós es una producción de las compañías españolas Garabi Films y Txintxua Films.

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Galería de fotos 23/09/2026: San Sebastian 2026 - The Last Goodbye

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Koldo Almandoz, Iñigo Azpitarte, Izaro Nieto, Marian Fernández Pascal
© 2026 Dario Caruso for Cineuropa - @studio.photo.dar, Dario Caruso

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