Crítica: Eva
por Vittoria Scarpa
- Emanuela Rossi firma un thriller psicológico entre fábula y mitología, transformando la ecoansiedad en una parábola sobre la relación entre los adultos, la naturaleza y el futuro de los niños

“Los niños no están bien, vosotros no los escucháis”. Esta es la singular respuesta que Eva da a un policía que le pregunta por qué acaba de prender fuego a un campo entero de girasoles. Una frase que condensa desde el primer momento la rabia y el sentido de urgencia que se encuentran en el corazón del segundo largometraje de Emanuela Rossi, pero también la convicción de que detrás de la aparente locura de una mujer pueden esconderse preguntas que la sociedad prefiere no responder.
Después de confinar a sus personajes entre las cuatro paredes de una casa en Buio, su película anterior, con Eva, que se ha estrenado a nivel mundial en la competición oficial del 43.º Festival de Turín y ha sido presentada ahora en el Festival do Rio, la directora lleva la cámara al exterior, al paisaje umbro de bosques, lagos y campos, transformando así la naturaleza en una presencia dramática. Es un entorno aparentemente incontaminado, pero recorrido por las señales de un mundo enfermo: aguas contaminadas, algas rojas, pesticidas e imágenes televisivas de catástrofes medioambientales.
Eva (la actriz brasileña Carol Duarte, protagonista de La vida invisible de Eurídice Gusmão y coprotagonista de La Quimera) vive al margen de la sociedad y parece tener una misión: buscar niños. Se encuentra con ellos en los lugares más diversos (lugares turísticos, centros comerciales, playas…) y basta con que sus miradas se crucen para que entre ellos se establezca una misteriosa confianza. Las incógnitas de quién es realmente esta mujer y qué les sucede a los niños después de encontrarse con ella permanecen durante mucho tiempo envueltos en el misterio, alimentando una tensión propia del thriller que progresivamente da paso a una dimensión fantástica y casi metafísica.
Sin embargo, el encuentro con Nicola (Tommaso Zoppi), hijo de Giacomo (Edoardo Pesce), modifica el rumbo de su misión. El niño vive con su padre en una casa de campo aislada, rodeada de abejas, que Giacomo considera centinelas del medio ambiente: si el lugar está contaminado, mueren o huyen. Es quizá la metáfora más clara de la película, pues las abejas encarnan un sistema natural de alerta temprana que los seres humanos parecen haber dejado de escuchar. Nicola establece inmediatamente un vínculo con Eva, reconociendo en ella una figura materna, mientras su padre intenta protegerlo construyendo a su alrededor una especie de burbuja de seguridad. Pero también ese pequeño paraíso está destinado a revelarse ilusorio.
Rossi construye así una película híbrida en la que realidad y alucinación acaban contaminándose mutuamente. Los campos de girasoles se tiñen de rojo sangre, las aguas adquieren tonalidades inquietantes y los elementos naturales parecen dotados de una sensibilidad propia. La fotografía de Luca Bigazzi convierte el paisaje en una presencia ambigua, ora acogedora, ora amenazante, mientras la música de Pasquale Catalano subraya su dimensión perturbadora. En el centro de todo ello se encuentra una magnética Carol Duarte, capaz de conferir a Eva una alteridad física y, al mismo tiempo, una gran vulnerabilidad. Su personaje oscila entre la profetisa y la criatura alienígena, mientras Edoardo Pesce le sirve de contrapunto como un padre cariñoso que, precisamente por intentar controlar cualquier peligro, no consigue ver lo que está ocurriendo.
En conjunto, la película parte de un misterio eficaz, construyendo en torno a Eva un personaje enigmático y una misión cuyos contornos el espectador va descubriendo progresivamente. Pero, a medida que avanza la historia, los elementos simbólicos y metafísicos terminan superponiéndose, haciendo cada vez más difícil seguir el recorrido de la protagonista. Lo que emerge es una parábola sobre nuestra incapacidad para ver, pero, en su intento por mantener unidos el thriller, la alegoría ecologista y el relato fantástico, la película acaba complicando su propia trayectoria narrativa. Eva ve lo que los demás ignoran y se convierte así en una figura tan salvadora como inquietante. La pregunta que deja al espectador es sencilla y poco tranquilizadora: en un mundo envenenado, ¿queda todavía algún lugar realmente seguro para los niños?
Eva ha sido producida por Courier Film en coproducción con Tarpini Production.
(Traducción del italiano)
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