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Italia - El cine italiano, listo para el cambio (octubre 2006)

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- 2006 puede considerarse como un año de grandes cambios para el cine italiano. En el mes de septiembre, durante el Festival de Cine de Venecia, el ministro de Cultura Francesco Rutelli anunció los detalles de una gran reforma legislativa junto a la industria, cuyas empresas están negociando antes de que la ley comience su larga tramitación en el Parlamento. Al mismo tiempo, la Dirección General de Cine del Ministerio, encabezada por Gaetano Blandini, continúa sus reuniones con las numerosas partes interesadas en efectuar “enmiendas” a la ley actual.

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Los productores

¿Cuáles son las carencias del cine italiano y qué cambios pueden esperar los sectores que forman parte de su industria cinematográfica? Según Riccardo Tozzi, presidente del sindicato de productores ANICA, “en los últimos cinco años, el cine italiano ha mostrado indicios de revitalización pero, a pesar de eso, las críticas continúan. La industria es muy frágil, las empresas tienen pocas oportunidades de correr riesgos y de renovarse. El sistema de ingresos está en declive y la piratería es una poderosa amenaza. Además, la televisión de pago italiana (SKY) paga el mismo precio por adquirir películas en la actualidad, con cuatro millones de suscriptores, que cuando tenía 1,8 millones de suscriptores. Tenemos que aumentar los recursos de la industria; por lo tanto, la elección correcta es un impuesto sobre la industria del entretenimiento que alcance a todos los profesionales del sector, incluyendo a las operadoras de telefonía. Creo que los recursos de este impuesto, junto con los del Fondo de Ayuda Visual (FUS) deben ser asignados proporcionalmente a la película, a los productores, a los distribuidores y a los exhibidores. Obviamente, parte de los recursos tendrán que ser invertidos en la elaboración de las primeras y segundas películas”.

Giancarlo Leone, Vicedirector General de la RAI y Director General de RAI Cinema, apoya el impuesto y añade que “sin embargo, éste debe incumbir a todos aquéllos que tengan relación con el cine, en cualquier aspecto. Es cierto que el sistema de ingresos está en declive; las salas y el vídeo casero no son suficientes. Las cadenas generalistas adquieren cada vez menos películas, que encajan peor en la programación. Sin embargo, hay que destacar que cuando una película llega a las cadenas generalistas, ya ha sido previamente muy explotada. En la actualidad, el sector de la televisión obtiene la mayor parte de sus beneficios de la televisión de pago. Si RAI y Mediaset juntas invierten 100 millones de euros en cine, SKY, a pesar de sus cuatro millones de suscriptores, alcanza tan sólo un tercio de esta suma.

Según Roberto Cicutto (Mikado), “debemos restringir el sistema de financiación de películas del FUS. Necesitamos auténticos sistemas de financiación, como el impuesto sobre la exhibición en sala. Con frecuencia oyes hablar de refugios fiscales. ¿Por qué, en lugar de eso, los Ministerios de Cultura, Información, Finanzas y Educación no encuentran una solución conjunta para la industria?”.

La reforma

La necesidad de ir más allá del FUS y de introducir un impuesto sobre la industria cinematográfica “tanto para los profesionales, productores, distribuidores, exhibidores y emisoras como para los operadores de internet y de servicios telefónicos”, ha sido señalada desde hace tiempo por Andrea Colasio, Secretario de la Comisión Cultural del Parlamento y autor del proyecto de ley a favor de la industria cinematográfica y audiovisual italiana, que significaría la sustitución de la actual Ley Urbani.

El ministro Rutelli fue también claro sobre la necesidad de esta reforma: “Necesitamos una reglamentación colectiva y la vamos a llevar a cabo. Estamos decididos. Tengo la convicción de que las industrias cinematográfica y del entretenimiento están preparadas para una revisión. Trabajaremos en equipo y, al final, la nueva ley cinematográfica será elaborada”.

Rutelli explicó los cambios en Venecia, cuando habló de medidas estratégicas a corto y a largo plazo. “En cuanto a lo que concierne a la primera serie de medidas legislativas”, dijo el ministro, “estamos pensando en modificar e integrar (la “Ley Urbani”) prevista por la ley delegada. Ya estamos trabajando en ello y en unos seis u ocho meses podremos proponer nuestros cambios”. Éstos incluyen: una ampliación de la estación cinematográfica, la cual actualmente descuida el verano; una definición legal del papel de los productores independientes; una evaluación de las dificultades de la exhibición; y la creación de la Agencia Cinematográfica Nacional que ayudará a “eliminar las condiciones estructurales que obstaculizan el crecimiento del cine italiano” y cuyas obligaciones tendrán que ser estudiadas y definidas.

Habrá medidas económicas suplementarias, aseguró Rutelli. En este sentido, y basándose en la indicaciones del ministro de Economía Padoa Schioppa, una comisión de trabajo dirigida por el presidente de la Biennale, Davide Croff, ha sido instituida, la cual debe sugerir nuevas medidas financieras para la industria cinematográfica y del entretenimiento.

Sin embargo, el ministro Rutelli ha especificado que, por encima de todo, “debemos elaborar una nueva ley y modificar la ley 122 de 1998”, que incluye un fondo de producción para las cadenas de televisión de pago y en abierto. Los objetivos a largo plazo incluyen la reorganización de las FUS, las cuales “no deben convertirse en una entidad hipertrófica, sino que deben acompañar el crecimiento de una reforma que no puede terminarse con un contexto de empobrecimiento de recursos”.

El modelo francés

La discutida reforma se inspira en el “Modelo francés”, citado frecuentemente por profesionales del cine, el cual recauda cada año aproximadamente 530 millones de euros para proyectos cinematográficos y audiovisuales, comparado a los escasos 90 euros reservados a la gran pantalla por el FUS italiano.

“El modelo francés combina mercado y calidad, y ése debe ser nuestro objetivo”, declara Andrea Colasio. “En la actualidad, el sistema italiano atraviesa períodos en los cuales se presta mucha atención a la calidad y muy poca al mercado con otros en los que el mercado manda. Entre ellos hay períodos intermedios, sin preponderancia del mercado ni de la calidad, y que necesitan ser eliminados”. Colasio quiere abrir un mercado que hasta ahora ha estado relativamente cerrado, “cerrado con llave más bien. Ahora mismo, el sistema continúa con ciertas rigideces, principalmente en el oligopolio de las grandes emisoras, RAI y Mediaset, y el Estado; un sistema que bloquea tanto el mercado como la creatividad artística. Queremos un sistema que sea más transparente y que dé la voz a multitud de profesionales”.

El modelo francés “está basado en automatismos en la financiación cinematográfica, no en la discreción política”. Colasio aclara: “En la actualidad, en Italia, la financiación se distribuye de manera problemática: el productor presenta un guión o un director, con frecuencia también con un acuerdo de coproducción con RAI o Medusa, y obtiene un fondo ministerial significativo. De esta manera, se presta una excesiva atención a la creación del producto en sí mismo, sin tener en cuenta a los resultados del producto en las salas de exhibición. Según mi propuesta, nosotros continuaremos financiando el 70 por ciento (hasta un máximo de 1,5 millones de euros) de la primera y la segunda película, las cuales son el taller, la cuna de la creatividad. Pero, en cuanto al resto de películas en cuestión, tendremos en cuenta su valor comercial y de mercado, no sólo su valor artístico y cultural”.

De esta manera, las subvenciones no se otorgarán a companias que, a los 12 meses del estreno de su precedente película, tengan unos ingresos en taquilla por debajo del mínimo preestablecido. “En cualquier caso, la suma de las subvenciones para una película no podrá sobrepasar el 50 por ciento del coste total de la película”.

La propuesta de Colasio incluye la ayuda financiera a la distribución y la promoción, incluso en el extranjero, y los incentivos específicos para las salas que se comprometen a programar una cota de películas italianas. Los multicines tendrán que reservar al menos el 35 por ciento de sus pantallas para las películas autóctonas, y no podrán poner el mismo film en varias plantallas en el espacio de 24 horas. “Una película corre el riesgo de fracasar si no está adecuadamente respaldada por el marketing y la promoción. No hay sólo una fase de producción, sino también una fase de promoción, y sin ambas, el cine italiano no existe. Nuestro trabajo debe ser reforzar todos los elementos que forman parte de la industria”.

La financiación será selectiva, pero sobre todo automática, a través de una tasación proporcional de cada manera de utilizar –o de comercializar- las películas. “Es importante la creación de una versatilidad financiera, que sustituya los mecanismos estáticos y pasivos del FUS en la actualidad. La decisión eventual y posterior debe venir del mercado”, concluye Colasio.

 

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