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Producir en África

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Producir en África

- Mesa redonda sobre las cinematografías africanas en el Festival bATik de Cine de Perugia: problemas económicos y sociales, imposición de una estética europea, libertad del formato digital.

“La dependencia financiera de Europa”

El Festival de Cine bATìk de Perugia ha organizado este año, además de una amplia retrospectiva, una mesa redonda sobre el cine africano o, mejor dicho, sobre las cinematografías africanas. El uso del plural es obligado para ser justos con un continente rico en culturas y con idiomas muy distintos. Asistieron a la conferencia: Enzo Forini, Mohamed Challouf y Roberto Silvestrini, esto es, tres de los personajes que crearon hace veinte años en Perugia uno de los primeros festivales dedicados a las cinematografías africanas en Europa. Intervinieron también: el crítico Giuseppe Gariazo (autor de dos libros sobre el cine y la poesía africanos, publicados por Lindau) y los directores Ferid Boughedir, Balufu Bakuapa Kanyinda, Mahamoud Ben Mahamoud, Abdherramane Sissako y Aryan Kaganof.
El punto más delicado del debate se refirió a los problemas económicos y sociales del continente africano. Un grave obstáculo para el desarrollo del cine pues lo obliga a depender de las producciones europeas, sobre todo de las francesas, holandesas y belgas.

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Una estética condicionada

Los directores reconocieron a los cinéfilos europeos el mérito de promover sus películas en festivales, así como de ayudar a la existencia de un cine que de otra manera no tendría suficiente dinero para existir; sin embargo, en la otra cara de la moneda hay la imposición, consciente o no, de una estética más afín a los gustos europeos que a los africanos. Las películas de Mahamoud Ben Mahamoud, por ejemplo, son producidas por los hermanos Dardenne. El director tunecino dijo que está satisfecho del trabajo que desarrolla con ellos pero, hablando de Les siestes granadines, su última película que trata sobre la intolerancia racial de los tunecinos con los subsaharianos, puso el acento en las severas críticas que ha recibidos tanto en su país, por motivos obvios, como en Europa. Opiniones negativas por haber denunciado imprevistamente una situación que no es del gusto de la crítica. “Yo quería mostrar la dura realidad del África del Norte, alejándome del lugar común europeo que piensa que el racismo sólo se manifiesta desde el Norte del mundo hacia el Sur. Siempre quieren que se represente la idea de una África mágica y misteriosa, lo que, sin embargo, está muy lejos de la realidad. Desgraciadamente es un punto débil en nuestra sociedad y los europeos tendrían también que reflexionar más sobre esto. Porque puede suceder que para satisfacer al público francés o al italiano un director se vea obligado a no hablar de lo que realmente sucede”.
Por su parte, el crítico y cineasta Ferid Noughedir señaló que “mientras los europeos apoyen económicamente a las cinematografías africanas con el único objetivo de presentar sus obras en festivales y ciclos monotemáticos, difícilmente se saldrá de una producción de nicho, por lo demás condicionada desde un punto de vista estético. Francia es un gran país y no cabe duda de que su excepcional pasión por el cine es el mejor testimonio de un sentimiento innato a favor de la democracia. Ser cinéfilo significa respetar y apreciara la pluralidad de las culturas. Pero también urge resolver otro problema grave que surge por depender del dinero europeo. En muchos países africanos no hay un mercado interno. Por lo que se da la paradoja de que las películas africanas se ven en el extranjero pero no en sus países. Es como si un africano frente al espejo viera su propia figura transformada en la de un europeo”.

La libertad pasa por lo digital

Hay varias y distintas soluciones a este problema. En el aspecto productivo, Balufu Bakuapa Kanyinda propuso, con Afro@digital, una especie de manifiesto de independencia del cine africano: “para ser capaces de realizar películas independientes hay que tomar nuevos caminos. La informática es la tercera revolución del cine, es la nueva frontera para poder expresarse libremente sin estar obligado a asumir compromisos”.
Más conciliador estuvo Abderrahmane Sissako, autor de La vie sur la Terre, un mediometraje comisionado por Francia para mostrar en el cine el punto de vista de un pueblo africano ante el cambio de milenio. Una bonita película que, evidentemente, no se ve afectada por condicionamientos particulares: “pienso que un director –reivindicó Sissako- debe ser visto siempre en sentido un sentido universal. Mi punto de referencia es Tarkovski, un autor que en todas sus películas ha sabido añadir algo a su poesía. No creo que sea justo hablar de un cine que se corrompe a causa de la financiación europea. El hecho de que mi enfoque estético haya cambiado depende de decisiones mías. Lo mismo vale para otro gran director de Mali como Souleymane Cissé, que, con toda seguridad, no hace sus películas en función del festival de Cannes. Empecemos por considerarnos autores, tal vez así mejoren después las cosas”.

 

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