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Crítica: Caché

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Crimen y castigo

por 

- Haneke transforma la pantalla en ventana de la conciencia. La conversión de un realizador que siempre ha negado la posibilidad de una "genealogía del crimen

Crítica: Caché

En este drama sicológico, el malestar se da desde el principio. El plano inicial que aparentemente presenta el panorama no es una imagen real sino una banda de video de un plano fijo de dos horas, dirigido sobre la fachada de un pabellón del suburbio de Anne (Juliette Binoche), editora, y Georges (Daniel Auteuil), presentador de un programa de litertura. Esta pareja burguesa y su hijo adolescente son acosados por un videoaficcionado, que invade doblemente su intimidad: primero, les filma, y luego, les envía las cintas de video dentro de un sobre con un dibujo siniestro de un niño. Esta presencia, más bien ausecia fantasmal del obsevador "oculto" y desconocido hasta el final, contribuye a crear la asfixiante atmósfera de la película. La reflexión total de las víctimas de este juego les obliga a volverse hacia atrás y rebuscar por las tinieblas recónditas de su conciencia.
Poco a poco el videoaficcionado malévolo orienta la camara hacia el corral de una granja, un lugar del pasado de Georges. Una escena oculta, por no decir, escondida, resurge con violencia y reabre una herida por donde corre la sangre inocente, derramada durante la guerra de Argelia. La venganza del niño abandonado no es para hacer sufrir a Georges, sino que le ayuda a regresar a su dolor como huérfano, zambulléndose en un impresionante río de sangre. Cuando, más tarde, Georges recibe el video en el que se ve a sí mismo viendo, impotente, como este hombre se suicida, la pesadilla se multiplica tantas veces como pantallas se entreponen entre la realidad y él. Michael Haneke jamás tematizó tanto la posición de no-actor/espectador de la violencia, como lo hace en esta película. Haneke incrimina igualmente al que observa, sin esperar al vértigo del voyerismo, metido en un abismo, que nos proporciona su compatriota Markus Heltschl en Imagenes robadas (Der gläserne Blick). Como el "ser su propio verdugo " baudeleriano, el espectador de esa violencia es igualmente culpable.

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Contrario a lo habitual, aquí, Haneke, parece proporcionarnos la explicación lógica de la cual nos priva en Funny Games ( por la parcialidad de los comentarios irónicos de Tom sobre todas las razones posibles de su malicia.). En Caché [+lee también:
tráiler
film focus
entrevista: Margaret Menegoz
entrevista: Michael Haneke
ficha del filme
]
, se vale del episodio traumático de un niño para darnos la explicación. ¿ Se inclinará, por fin, Haneke ante las leyes de lo casual? Reflexionando bien, esta venganza desproporcionada no es posible y la identidad del videoaficcionado permanece turbia. La realidad y sus representaciones filmadas se superponen para que ninguna de ellas tenga sentido alguno. La última escena es más que enigmática y los diálogos suenan falsamente naturales. Además la tensión llena de antagonismos, frecuentes en los diálogos de todos los trabajos de Haneke, y la familiaridad de los intercambios de palabras entre la pareja parisina, se acentúa de tal modo, que se hace cacofónica. El director deja al espectador insatisfecho, respondiendo de este modo a lo que el considera su aspecto característico: jamás convertir la violencia en un producto consumible.

(Traducción del francés)

galería de fotos

premios/selecciones principales

EFA 2005 Mejor película, Mejor Director (Michel Haneke), Mejor Actor (Daniel Auteuil), Mejor montaje (Michael Hudecek & Nadine Muse)
Premio FIPRESCI
Cannes 2005 Competición oficial
Mejor Dirección, Premio FIPRESCI (Competición), Premio del jurado ecuménico
cinando

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