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"Es muy difícil dedicarte en cuerpo y alma a tu arte cuando trabajas en condiciones precarias"

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Ektoras Lygizoz • Director

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- Boy Eating Bird’s Food: "cine de austeridad" producido en Grecia más recomendable que las políticas del país

Ektoras Lygizoz • Director

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, de Ektoras Lygizoz, es un “cine de austeridad” en estado puro pero, al contrario que las políticas de austeridad que están destrozando Grecia, esta es una obra altamente recomendable. Rodada con un pequeño presupuesto (cerca de 20 000 euros), con un pequeño equipo de actores y de técnicos, la película es el retrato íntimo de una catástrofe social que, el lugar de optar por una via documental y comprometida, se atreve por caminos más viscerales y místicos. Tras su paso por los festivales de Karlovy Vary (leer más) y de Toronto el año pasado, y después de un controvertido estreno en los cines de Grecia el pasado mes de mayo, Boy Eating Bird’s Food [+lee también:
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 puede verse esta semana, a concurso, en el 11° Brussels Film Festival.

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Cineuropa: Este es su primer largometraje pero usted ya cuenta con una amplia experiencia teatral. ¿Hasta qué punto su trabajo en los escenarios ha influido en su trabajo como cineasta? Estoy pensando, concretamente, en cómo ha dirigido al protagonista de la cinta, Yannis Papadopouos, que ofrece una interpretación muy coreografiada.
Ektoras Lygizoz:
 He hecho teatro físico. He intentado crear una rutina gestual, crear acciones encadenando movimientos. Así empezamos a improvisar Yannis Papadopouos y yo. Hemos preparado la coreografía de los movimientos juntos: el cámara he sido yo, durante los ensayos y durante el rodaje.
Me dio la sensación de que el encuadre de la camera era como un escenario dentro del cual tendrían que ocurrir los movimientos. En el cine, el reto es mayor porque todo tiene que parecer mucho más realista que en teatro. El encuadre limita tu trabajo.

¿El uso de la cámara en mano fue esencial para conseguir esa sensación de coreografía?
Así ocurrió cuando ensayábamos. A mí, generalmente, me gusta un estilo más neutral pero mientras improvisábamos sentí que necesitaba estar muy cerca del actor para capturar en detalle sus ojos, su boca, su piel…

La película es una adaptación libre de la novela Hambre, del noruego Knut Hamsun. ¿Cómo fue el proceso de escritura del guion?
En realidad, no es una adaptación; solo está inspirada en ella de manera muy libre. La versión inicial del guion tenía muchos detalles y muchas cosas surgieron de las conversaciones con los actores; aunque en el rodaje tuvimos que hacer unos cuantos cambios. Tuvimos que encontrar un lenguaje visual que permitiera mostrar los detalles que me parecían importantes. Al final, cortamos mucho del original; había mucho más texto al principio y muchos más encuentros de los que vemos ahora en la pantalla.

¿Su protagonista es una metáfora de Grecia en estos tiempos de crisis?
En cierta manera, sí, aunque no me lo planteé de una manera tan clara cuando lo concebí. Es un contratenor, tiene ganas de vivir de su arte pero no consigue encontrar trabajo y ni siquiera tiene dinero para comprar comida. Su situación es desesperada.
En Grecia, tenemos mucho apoyo de nuestras familias. Aun si uno tiene 35 años, uno puede volver a casa te sus padre, pero ¿qué pasa cuando este colapso socio-económico empieza a afectar también a los parientes mayores? Uno pierde su red de seguridad. Eso es lo que le ocurre a este chico, pero al mismo tiempo tiene una especia de dignidad y de orgullo perturbadores. Igual eso tiene que ver con la manera en que se educan los niños en Grecia: cuando uno está enfermo, no debe mostrar que lo está; si uno tiene problemas económicos, es mejor no hablar de ello, etc.

¿Se siente usted también infravalorado en tanto que artista? 
El año pasado, sí me costó mucho vivir exclusivamente del teatro y del cine. Es complicado y eso afecta a tu autoestima, como pasa en la película. En Grecia, la gente mira el arte como un pasatiempo. Es muy difícil dedicarse en cuerpo y alma al arte cuando trabajas en condiciones precarias, cuando no puedes pagar a tu actores, a tus colaborares, cuando ni siquiera te puedes pagar a ti mismo… Acabas por perder un poco la fe en lo que haces.

Su película retrata una situación extrema pero a la vez me parece que contiene algo de misticismo. Pienso en la bellísima secuencia del canto en la iglesia, o también en la escena de la calle en la que el protagonista transporta una escalera a la espalda, como Cristo hizo con la cruz.
En efecto, y es así como me alejo de un estilo naturalista o realista. Para mí, la película es también el retrato de una persona que poco a poco se transforma en un santo; no en un santo en el sentido cristiano del término, sino en alguien que lucha y se sacrifica por seguir en un estado puro, en un contexto de extrema dificultad.

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