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Isabel Ayguavives • Directora

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- Cineuropa entrevistó a Isabel Ayguavives, la directora de El árbol magnético, su primer largometraje

Isabel Ayguavives  • Directora

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es el primer largometraje de esta cortometrajista gallega, una coproducción hispano chilena rodada en el país andino y basada en una experiencia real.

Cineuropa: ¿Qué tiene Chile para que decidieras rodar allí?
Isabel Ayguavives:
Como país y mezcla de paisajes me parece un lugar increíble, como es tan largo tiene desde desierto a glaciares. Pero no me habría ido allí a filmar si la historia no lo requiriese: fue algo muy orgánico.

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Porque el paisaje cobra especial relevancia en tu film...
La historia es tan cotidiana que podría suceder en cualquier parte: ¿quién no tiene un pariente que vive lejos, vuelve después de un tiempo y se celebra una reunión familiar por ese motivo? Si intentaba trasladar esa historia a un entorno más cercano, en España, tenía que dejar apartadas cosas que estaban en la esencia de la historia y que me habían provocado el deseo de escribirla. Me quedaba entonces sin referentes: yo quería respetar la materia prima -una experiencia que tuve viajando allí con un amigo- y por eso decidimos que El árbol magnético sucediera en Chile. Rodamos en el Cajón del Maipo, la zona de recreo de la capital: ahí estaba la casa, la localización principal. Luego fuimos a otras, pero todo en un radio de dos horas de coche desde Santiago. Fueron cuatro semanas de rodaje: un poco apretado.

¿Fue difícil convencer a los productores para rodar tan lejos?
A los españoles (Dos Treinta y Cinco P. C.) no, porque han sido productores de todos mis cortometrajes. Desde el primer embrión de guión estuvieron implicados; luego fueron ellos quienes tuvieron que hacer la labor de buscar socio chileno (Parox), lógicamente, y con esas dos patas se fue construyendo la financiación.

¿Cómo se crea esa cotidianidad que se respira en el film?
Creo que gracias a un elenco que funcionaba muy bien como familia y además se conocían entre ellos: apenas ensayamos, sólo charlamos. Todo era bastante fluido.

Respecto al argumento de El árbol magnético: de alguna manera, ¿siempre seremos niños para nuestros mayores?
Así es, si mantienes una relación constante en el tiempo, ahí sí que ven tu evolución: eres niño y luego, adulto. Pero cuando te pierden la pista durante muchos años, normalmente van a conservar la imagen que tenían de ti de entonces.

¿Estás de acuerdo con que pongan a tu película el calificativo de “realismo mágico”?
A lo mejor por la asociación con Sudamérica y que El árbol magnético tenga ese algo medio místico, pero no era una pretensión. Me he basado en una imagen que me marcó, un elemento que está en la naturaleza, existe: no lo he inventado. Partiendo de algo real, que cada uno suponga lo que quiera. Soy más de mostrar, de sugerir. La película plantea preguntas, pero no da respuestas, ni indica al espectador a qué tiene que prestar atención: es todo muy libre. Puedes volver a verla mañana y leer otras cosas en ella, porque estás en otro estado emocional o vital. Yo en distintos momentos del día me puedo sentir como diferentes personajes del film en relación con los recuerdos. Esa contradicción está en nosotros: hoy pensamos una cosa y mañana, otra. Las afirmaciones taxativas no van conmigo: me cuestiono todo.

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