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"Rodar con los pocos instrumentos a mi alcance tiene algo de gesto político"

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José Luis Guerín ­• Director

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- LOCARNO 2015: La gran voz del cine de autor en España, José Luis Guerín, estrena en Locarno su último proyecto, La academia de las musas

José Luis Guerín  ­• Director

Siempre ha habido mucha poesía en la filmografía de José Luis Guerín, uno de los grandes nombres del cine de autor europeo. La academia de las musas [+lee también:
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, cuya presentación mundial tiene lugar estos días en el Festival de Cine de Locarno, nace a partir de una clase de filosofía que imparte Raffaele Pinto, doctor de la Universidad de Barcelona. Con su habitual tono casi documental, el barcelonés muestra el diálogo a múltiples bandas que establece el profesor con sus alumnas y con su irónica esposa. En él hablan acerca del deseo, la palabra y el amor.

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Guerín es el nombre más destacado de la nutrida lista de cineastas españoles que participan en varias de las secciones del certamen suizo, entre los que también figuran Mauro Herce, Xacio Baño y Lois Patiño. Su película se proyecta en la sección Signs of Life, que desde la pasada edición presenta un compendio de innovadores lenguajes y formas narrativas, creadas por nuevos talentos y nombres consagrados. Perspective Films se encarga de las ventas internacionales de la película de Guerín.

Cineuropa: ¿Hasta qué punto La academia de las musas entronca con algunos de sus proyectos anteriores, como En la ciudad de Sylvia [+lee también:
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y la instalación fotográfica Las mujeres que no conocemos?
José Luis Guerín:
Al hacer En la ciudad de Sylvia partí de una edición de La vida nueva de Dante que fue traducida y editada de forma maravillosa por Raffaele Pinto. Así es como nos conocimos. En aquella película apenas había diálogos y la musa no era un personaje en sí. Quizá en La academia de las musas, al estar basada en la palabra y con musas que son mujeres de carne y hueso, se muestra el reverso del mismo concepto. Es algo que todavía tengo que meditar, porque es una idea que me fue sugerida justo tras la proyección aquí en Locarno y ahora con tu pregunta. Pero sin duda algunas ideas que en ese momento gravitaban sin verbalizar ahora se discuten abiertamente entre los personajes de La academia de las musas.

En la película vivimos una situación de espejo. Por un lado, las alumnas atienden a las palabras del profesor y, a la vez, nosotros los espectadores hacemos lo mismo desde la butaca con respecto a lo que usted desea expresar. ¿Existe en usted la misma necesidad de seducción a través del discurso que la que muestra su protagonista?
Cualquier creador desea seducir con su discurso. El espectador se convierte de alguna manera en el estudiante que escucha. En la película, el profesor vampiriza a sus alumnas y luego es vampirizado por ellas. Hay una transacción de poder entre uno y otras. A mí me gusta siempre pensar que esa transacción también existe entre el espectador y mi trabajo, a partir de lo que se ve en pantalla.

Suele celebrar que las nuevas tecnologías hayan abierto su campo expresivo. Ahora, además de rodar cine, usted crea obras para museos. Pero del mismo modo, el acceso a todo el cine posible desde internet o el DVD, ha generado abulia en un espectador que es más pasivo que antes.
Además acaba perdiendo el deseo por el cine clásico. Recuerdo ese deseo de joven, porque era complicado que coincidiera en la filmoteca el clásico que deseaba ver. Que el cine fuera difícil lo hacía deseable. Yo hice innumerables viajes a París en una precariedad económica absoluta para ver títulos que no podía ver de otro modo. Hacía maratones como los que ahora se hacen en los festivales de cine, acudiendo de una sala a otra para ver cinco filmes al día. Ahora que los estudiantes de cine lo tienen todo a su alcance, ni conocen ni tienen curiosidad por conocer muchos de esos títulos. A veces, la cultura gratuita es un error, porque le resta un valor a la obra y se pierde el deseo.

La primera vez que vio una película, siendo niño, ya deseó hacer cine. Casi con toda seguridad fue un filme que nada tiene que ver con el cine que hace usted.
Fue Blancanieves de Disney y me impactó la pesadilla del bosque con árboles antropomórficos que intentan atraparla. Estaba muy bien hecha y era aterradora, con referencias al expresionismo alemán. Mi amigo y admirado Víctor Erice tiene una bella teoría en la que me reconozco: casi todos los cinéfilos hemos tenido un primer encuentro con el cine que ha sido una herida, un shock próximo al miedo o a un desgarro interior. Esa herida solo se ha curado viendo otras películas.

Luis Miñarro, productor de alguno de sus trabajos, dijo (leer aquí) que quizá deje de ser productor por las dificultades a las que se enfrenta a la hora de sacar adelante el tipo de cine que ustedes hacen.
Nuestra forma de hacer cine no es la hegemónica en España ni el que cuidan las instituciones. La academia de las musas no cuenta con ni un céntimo de ayuda del país, ni siquiera para el billete con el que acudir a Locarno. No quiero ser cineasta llorón, porque tampoco pedí ninguna ayuda para hacerla. Pensé que solo era posible realizarla sin tener que rendir cuentas a nadie. Es una película producto de la crisis, así que mi respuesta fue rodarla con mi pequeña cámara y los instrumentos a mi alcance. Es una decisión que también tiene algo de gesto político. Estamos en una situación de pugna, pero la creación valiosa nunca ha estado en una situación de confort.

De hecho, en los últimos tiempos, en los festivales reinan las filmografías de países como Grecia, Rusia o México.
Es cierto. Antes yo mantenía que no tenía sentido hablar del cine en términos de nacionalidades, porque lo aplicaba mucho a los países de la Europa cómoda, donde ya los cineastas no se agrupan ni crean manifiestos comunes como ocurría en los 60. Por eso no me gusta que me programen en ciclos de cine español o catalán. Pero en cambio, en países como los que mencionas y otros con circunstancias singulares, como el cine iraní de hace 20 años o el cine filipino que nace ahora, sí tiene sentido evaluarlo de esa forma.

El director artístico de Locarno, Carlo Chatrian, dijo al principio de esta edición que el circuito de festivales como este pueden ayudar a la supervivencia de los cineastas independientes.
En especial entre los más jóvenes, como es el caso de las otras producciones españolas que concurren este año aquí. Incluso si sus países les ofrecen algún tipo de ayuda, será a cambio de acudir a lugares como Locarno. En ese sentido, el festival tiene una responsabilidad incluso política. Yo estuve aquí con mi primera película en los años 80. Es un festival especialmente sensible al cine joven, que sabe arriesgar y con un perfil muy marcado, como Viena o Rotterdam. El programador ahora tiene una responsabilidad mucho mayor que antes, porque cualquiera puede hacer una película con sus propios medios. Necesitamos más que nunca una síntesis. Elegir entre miles de opciones lo que merece ser contemplado es algo decisivo, porque ahí se está creando el canon de autor.

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