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GIJÓN 2014

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Fuego: heridas abiertas

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- Luis Marías da el protagonismo de su film a las víctimas del terrorismo para denunciar con contundencia la violencia y demostrar que la venganza no es la solución para superar el trauma

Fuego: heridas abiertas
José Coronado, en una escena de Fuego

La violencia lo corroe todo. Esto viene a decir el bilbaíno Luis Marías en su segunda película como director tras X (2002) y la firma de un puñado de guiones, entre los que destaca el Goya recibido en 1999 por la adaptación de Mensaka. Ahora concursa en la Sección Oficial de 52° Festival Internacional de Cine de Gijón con Fuego [+lee también:
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entrevista: Luis Marías
ficha del filme
]
, un film que él mismo, por supuesto, ha escrito y también ha producido con su compañía Historias del Tío Luis en colaboración con Tornasol Films, Fausto Producciones y Euskadi Movie Aie(sus ventas internacionales corren a cargo deLatido Film). Rodada en localizaciones vascas, en español y euskera, supone volver a ver en la pantalla a Leyre Berrocal, acompañada en el cartel por José Coronado y Aida Folch

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La violencia pues impregna esta película desde su primera escena: en ella vemos cómo un atentado terrorista destroza la vida del policía Carlos cuando una bomba camuflada en su coche mata a su esposa y deja sin piernas a su hija. Un salto temporal nos lleva al presente para comprobar si aquél mazazo ha sido superado. Ahora Carlos vive en otra ciudad, pero la llama del rencor sigue viva en su cabeza, y su obsesiva idea de hacer pasar al criminal que masacró a su familia por el mismo suplicio que él experimenta, le lleva a regresar al País Vasco para llevar a cabo su metódica venganza: así cree que apagará ese fuego que le consume. 

Pero, como irá mostrando Marías, todo ese dolor no ha valido para nada: Carlos está muerto en vida, el terrorista está en la cárcel y quienes callaron también se verán salpicados. Quizás es hora de guardar los cuchillos y, sin olvidar pero sí perdonar, mirar hacia el futuro: ahí están las nuevas generaciones (los hijos de los protagonistas), que pueden cerrar el círculo, sanando así las heridas. 

Marías, sin alardear de estilo y confiando el peso del film en las interpretaciones de sus actores, transforma el thriller de los primeros minutos en un drama que refleja cómo la rabia provocada por la violencia, el odio y la intransigencia es una rueda que gira y vuelve a su punto de origen. El odio que se ejerce contra otras personas se multiplica: un peligroso círculo vicioso del que cuesta mucho salir.

Marías ha elegido pues, inicialmente, el género que más le gusta, el policíaco, porque puede reflejar las pasiones humanas de una manera entretenida: su estructura lleva al espectador a interesarse por lo que está pasando, mientras por debajo circulan ideas de mayor calado social, político o moral.

Aunque el de la venganza es casi un subgénero cinematográfico en sí mismo y hemos visto a Chuck Norris, Charles Bronson e incluso a Jodie Foster protagonizar títulos de dudosa ética, Marías apuesta por su reverso: radiografía su estupidez y sinsentido, pues no aporta nada a quien la ejerce y crea más dolor. El cineasta no frivoliza la violencia, sino todo lo contrario a través de un guión empapado de varios casos que ha vivido de cerca, pero original en su planteamiento.

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