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SAN SEBASTIÁN 2015 Competición

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Sparrows: brusco adiós a la inocencia

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- SAN SEBASTIÁN 2015: El islandés Rúnar Rúnarsson firma una pausada crónica de la transición de la adolescencia a la edad adulta, mucho más áspera y brutal de lo que en principio aparenta

Sparrows: brusco adiós a la inocencia
Atli Óskar Fjalarsson y Ingvar E. Sigurdsson en Sparrows

Ari tiene 16 años y, aunque posee la talla de un hombre, aún es un niño: canta como un pajarillo en un coro casi celestial y su mamá le mima como a un peque. En Reykjavik ha transcurrido su vida los últimos años, una zona de confort apuntalada por esa madre protectora y un entorno de inmaculados colores, donde no parece haber espacio para lo perverso y retorcido. Pero cuando aquélla se va a África con su nueva pareja, Ari es enviado a la región de los fiordos occidentales, donde pasó su infancia, para que su padre, Gunnar, se ocupe de él.

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Nada más llegar comprobamos que Gunnar no es un hombre afable: alcohólico, recio y poco comunicativo, posee modales de vikingo. Ari, a la vez, se reencuentra con sus amistades de niñez, ahora convertidos, como él, en adolescentes perdidos, desorientados y dados a los excesos. A todo ello se le suma el despertar a la sexualidad, con curiosidad y el deseo latente de estrenarse, quizás con aquella amiga de toda la vida. Pero en esta zona del país el lado oscuro de la vida acecha… y Ari, bruscamente, descubrirá los sinsabores de transformarse en un hombre mientras intenta lidiar con su contumaz progenitor.

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entrevista: Rúnar Rúnarsson
ficha del filme
]
, presentada en competición en el 63° Festival de San Sebastián tras haberse visto en el 40° Festival de Toronto, viajamos con su joven protagonista de la capital de Islandia a uno de sus rincones más remotos y fascinantes. Pasamos de los grises de la Reykjavik al verdor, salpicado de nieve, de sus imponentes montañas, durante esos veranos nórdicos, cuando el sol jamás se oculta: esa luz mortecina y suave, casi artificial, le otorga una atmósfera ligeramente onírica a la película, donde se respira un aire a la vez puro e inquietante. Rúnar Rúnarsson mantiene tal pulso con la cámara que jamás subraya o destaca acciones, sino que todas se muestran con el suave tempo que impone vivir en un ambiente rural y pesquero, marcado por ese aburrimiento, lejanía y rutina que, paradójicamente, lo magnifican todo.

Ese lugar de belleza subyugante (que el cineasta ya conocía y tuvo en cuenta al escribir el guión) nos hechiza y, a base de una puesta en escena apoyada en silencios y miradas, el film nos transporta a ese momento de aislamiento personal y desconcierto en el que nuevas emociones, difíciles de canalizar, empiezan a tiranizar la existencia de cualquier adolescente. A esto contribuye también los persistentes primeros planos del joven actor Atli Óskar Fjalarsson, secundado por unos magníficos Ingvar E. Sigurdsson como arisco padre y una abuela cómplice que interpreta Kristbjörg Kjeld.

Rúnarsson asegura que con esta película de realismo poético ha retratado la cruda realidad de su país, pues lo que cuenta en Sparrows está extraído de diferentes acontecimientos que ha conocido directamente o de segunda mano, a través del testimonio de amigos: algo aterrador que se desvelará en el tercer acto de este descarnado adiós a la inocencia.

Sparrows, que ha costado un millón y medio de euros, es una producción entre Islandia, Dinamarca y Croacia: Nimbus Film & Nimbus Iceland en asociación con MP Film Productions, Pegasus Pictures y Halibut Iceland. De sus ventas internacionales se ocupa la agencia francesa Versatile.

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