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CANNES 2016 Quincena de los Realizadores

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L'Effet aquatique: flechazo en Montreuil

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- CANNES 2016: La última película de Solveig Anspach es una comedia exquisita en torno a un amor cargado de romanticismo, además de un relato sobre el agua

L'Effet aquatique: flechazo en Montreuil
Didda Jónsdóttir y Florence Loiret-Caille en L'Effet aquatique

En este martes, ecuador del Festival de Cannes, en el momento que subía por la famosa escalinata el equipo de la coproducción euro-brasileña Aquarius [+lee también:
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, la Quincena de los Realizadores estaba a punto de proyectar, en la parte central de su programación, el "regalo más hermoso" de la difunta directora islandesa estudiante de la Fémis Solveig Anspach, un film con un título igualmente azul: L'Effet aquatique [+lee también:
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, cuya producción fue negociada alrededor de un gratín de brócoli que por desgracia sería el último de la cineasta. Así pues, un público emocionado ha venido a descubrir, 17 años después de la proyección de su primer largometraje (Haut les coeurs!) en la misma sala, una película encantadora en la que Anspach retoma el personaje de Queen of Montreuil [+lee también:
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, Agathe (Florence Loiret-Caille), una mujer menuda que no tiene un pelo de tonta y que volverá en este film a buscar respuestas en una Islandia de postal que la cineasta filma con ternura, tanta como humor se aplica a la piscina de Montreuil en la que Agathe trabaja de monitora de natación.

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La emoción del fiel equipo franco-islandés de Anspach, que presentó el film en el escenario, se transformó luego, cuando se apagaron los focos, en carcajadas afectuosas. La escena inicial, en la que Agathe despacha a un seductor del tres al cuarto con un aplomo desconcertante bajo el cual, sin embargo, se adivina cierta fragilidad, nos retrata a este personaje tan entrañable. Samir (Samir Guesmi), que observa la escena tímidamente desde un rincón del café, se queda maravillado. En un momento, este joven amable y alelado con una mirada de una candidez desarmante, se enamora perdidamente de ella. Sin dudar ni un segundo, tras adquirir un bañador adornado con una pequeña palmera, el joven compra un abono trimestral en la piscina municipal en la que Agathe da clases, rodeada por una curiosa tropa de empleados municipales (Reboute el pesado, Estéban el entusiasta, el extravagante profesor de natación, mirón y de culo pequeño) cuya rutina proporciona a la directora la ocasión de regalarnos pequeños momentos graciosos y absurdos de la vida. 

Cuando Agathe vuelve a marcharse para participar en un congreso internacional de monitores de natación al que le ha invitado su amiga islandesa Anna (Didda Jónsdóttir, que forma un dúo desternillante junto a un tipo enorme que se parece a Dingo), Samir hace la maleta inmediatamente. Una vez allí, el film da un giro a causa de un subterfugio cómico que permite a Samir unirse al congreso: en Islandia, Samir vuelve locas a las mujeres y enardece a las multitudes —la palabra together, que usa con insistencia, gesticulando mucho y en combinación con la palabra project, probablemente por su escaso conocimiento del inglés, le convierte en un pionero de la geopolítica de piscina—. Un segundo flechazo pondrá a Agathe en la situación en la que él se encontraba antes, cuando estaba paralizado de amor, cual lombriz enamorada de una estrella. 

Solveig Anspach nos ha dejado una película adorable que cuenta una historia de amor entre dos personajes a la vez decididos y vulnerables que se aceptan en sus particularidades más insólitas (que no les hacen sino más auténticos) y que se acaban juntando gracias al agua, vista no como una frontera, sino como un puente entre las personas y las culturas, un lugar en el que estamos juntos, como Agathe y Samir cuando se bañan en la piscina para niños. Y ciertamente, cuando estamos en el agua, todos oímos los mismos sonidos —en este caso, es un canto de amor—.

(Traducción del francés)

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