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Los decentes: el fin del oasis

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- El director austriaco Lukas Valenta Rinner vuelve a rodar en Argentina un juego desconcertante, cómico y abrupto con los parámetros (y los absurdos) sociales

Los decentes: el fin del oasis
Iride Mockert en Los decentes

Una mujer se presenta a un cásting para ser contratada como criada en una lujosa casa en una comunidad cerrada a las afueras de Buenos Aires, habitada por familias de clase alta, esto es, por gente “decente”. Pero al otro lado de su valla, existe otra comunidad de preceptos radicalmente opuestos: una congregación nudista, que se olvida de los cánones sociales en cuanto a clase, y, sobre todo, a “decencia”, para abrazar la liberación mental y sexual en comunión con la naturaleza. Y la mujer es, cómo no, rápidamente atraída por la llamada de este oasis.

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Tal es la premisa de lo nuevo del director austriaco afincado en Argentina Lukas Valenta Rinner. Los decentes [+lee también:
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entrevista: Lukas Valenta Rinner
ficha del filme
]
, estrenada mundialmente en la competición oficial del 22° Festival de Sarajevo, es una curiosa aproximación al choque entre estos dos tipos de vida con bastante poco en común. La familia para la que trabaja Belén (la protagonista, una estoica Iride Mockert) vive ensimismada entre el egoísmo materialista de la madre (Andrea Strenitz) y la obsesión del hijo por ser tenista profesional (Martin Shanly, también cineasta), mientras que la “familia” que la acaba acogiendo pasa sus días bañándose en la piscina y recitando poemas, paseando entre el bosque y teniendo sesiones de sexo colectivo (tántrico y no tanto). El contraste entre ambas comunidades se representa de forma indirecta, a través del extrañado gesto de Belén, que va de una a otra casi sin articular palabras (exceptuando el “bueno” como respuesta a cualquier interacción en la comunidad lujosa, como la relación sentimental que establece con uno de los guardas de seguridad) ni expresar sentimiento alguno (descartando la sonrisa que es finalmente capaz de esbozar en la fiesta de la comunidad nudista).

Es precisamente este pasmo tan visible en Belén el que rige el acercamiento de Valenta Rinner a su historia. A través de una convincente puesta en escena, repleta de planos estáticos y composiciones simétricas (con un estupendo guiño a la Venus de Botticcelli cuando Belén se desnuda por primera vez), un parsimonioso montaje y una ocasional e histérica música de percusión, la de Los decentes es interesante muestra de originalidad que dialoga directamente con estilos como la Nueva Ola Griega, con una gran dosis de humor deadpan (que caracteriza la relación entre Belén y el guarda, y llega a su cénit en la hilarante caricaturización de los nudistas como animales) como uno de sus mejores motores. Sin embargo, bajo esto, su guion (escrito por los propios Rinner y Shanly junto a Ana Godoy y Ariel Gurevich) evita el discurso y el calado argumental de manera algo arbitraria e incluso insatisfactoria. La película, que transita siempre por cierto entumecimiento narrativo, espera a su abrupto y extremo clímax final para encontrarse con una confrontación real entre los elementos de la historia, motivada por una petición de cierre de la comunidad nudista, una muerte accidental (o no) y la decisión de Belén de defender a toda costa el oasis en el que ha podido por fin sonreír.

Así, la película, una llamativa coproducción entre Austria (Nabis Filmgroup), Argentina y Corea del Sur, reincide en la línea que Rinner ya había abierto con su anterior obra, Parabellum [+lee también:
crítica
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entrevista: Lukas Valenta Rinner
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: el dinamitado de los parámetros sociales y de las relaciones humanas a través de situaciones extremas que son, sino el fin de todo (como sí lo era en Parabellum), algo que se le acerca.

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