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Ties That Bind: una familia feliz, o no

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- El premiado documental de Ivette Löcker, que se acaba de coronar en el Diagonale, es el cómico y emotivo retrato del matrimonio de Salzburgo que caducó hace mucho tiempo

Ties That Bind: una familia feliz, o no

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, que se llevó a casa el premio a Mejor documenta tras estrenarse en el 20º Diagonale, Ivette Löcker continúa explorando los temas que ya abordó en su cortometraje de no ficción Sonja Wolf, A Survivor’s Tale (2013) y en su segundo largometraje If It Blinds, Open Your Eyes (2014). A pesar de que estas primeras obras trataban sobre la vida y supervivencia de una mujer de raíces alemanas deportada en los años 40 de Moscú a Kazajistán, y sobre los mecanismos de la resistencia diaria demostrados por una pareja rusa adicta a la heroína, respectivamente, en su último trabajo Löcker recurre a sus padres y a la tranquila ciudad del estado de Salzburgo en la que crecieron ella y sus dos hermanas. El resultado es el retrato cautivador y fascinante de una familia, que en ocasiones se vuelve divertido y conmovedor.

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Aunque Irene y Werner viven en la misma casa desde hace 39 años, han estado separados el uno del otro durante 18. Con el inusual argumento de la idiosincrasia de esta pequeña ciudad, Löcker crea un astuto y rico retrato de sus padres que las tácitas emociones de estos protagonistas traducen fácilmente: es un logrado ejemplo de la búsqueda de lo universal en lo específico.

Löcker nos da una pista sobre la construcción reflexiva de la película al iniciar su explicación de modo aparentemente ficticio: cuando revela a una masajista su inquietud por regresar a su casa de la infancia, corta para pasar a una escena a cámara lenta en la que nos presenta a Irene y a Werner, quienes viven idílicamente bañados por el sol mientras se dedican a la jardinería, a cortar el césped y a cultivar fresas. O no, tras finalizar este intermedio muerto, la directora entrevista a sus padres y les interroga con una toma doble frontal en la que se hace evidente el distanciamiento entre ambos.

Podemos sentir que Irene es quien más se arrepiente de los dos: no tarda demasiado, cuando recuerda los tiempos felices, en derramar la primera lágrima. Werner, por el contrario, es un libro cerrado, a pesar de que Löcker le da suficiente tiempo en pantalla para que su irracional terquedad salga a la luz como una técnica de supervivencia en sí. Si no se odia inmediatamente a este septuagenario por su arrogancia. es porque es muy fácil interpretarlo como a un tipo de niño, un hombre de placeres sencillos que ha estado atrapado durante mucho tiempo en un matrimonio que le exigía más de lo que podía dar. Löcker contrasta la incapacidad cómicamente juvenil de su padre para asumir la responsabilidad de cualquier cosa con las repetidas escenas en las que vemos a su madre cocinando o en el jardín, lo que refuerza la hiriente sugerencia de Werner a cierto punto de que esos deberes es todo lo que su mujer tiene. La frase que Irene repite (“Así son las cosas”), refleja una resignación que sufre desde hace mucho.

La película de Löcker acepta la inexplicabilidad esencial de esta ruptura marital, así como la tristeza que tal apuro entraña. Nos deja con la pregunta de cómo pudieron Irene y Werner enamorarse en un primer momento y nunca les molestó estar juntos durante tanto tiempo. La cineasta encuentra al menos dos metáforas confeccionadas que sirven a este retrato de una historia de amor caducada. La primera, una toma aérea de la ciudad en la que viven Irene y Werner, muestra una aglomeración de viviendas individuales cuya relación con las otras nunca cuaja. La segunda es el moho que se acumula en la abandonada segunda residencia de la pareja.

De hecho, uno de los momentos más graciosos e irritantes de la película ocurre cuando Werner, despectivo con los efectos para la salud a largo plazo de vivir en una casa plagada de moho, se entera por medio de un experto de que la vivienda es insalubre, lo que le deja sin habla. Como la hija de Werner prolonga la escena de su reacción, podemos percibir que, finalmente, cierta epifanía invade finalmente la obstinada armadura del hombre.

Al igual que en sus documentales anteriores, Mischief Films ha producido Ties That Bind.

(Traducción del inglés)

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