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SUNDANCE 2018 Competición World Cinema Documentary

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Une année polaire: “la aventura es ahora o nunca”

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- Samuel Collardey logra una nueva película humilde y a la vez espectacular, protagonizada por un profesor danés que decide irse a enseñar a Groenlandia

Une année polaire: “la aventura es ahora o nunca”

Ya en su debut en el largometraje con L'apprenti [+lee también:
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(galardonada en la Semana de la Crítica del festival de Venecia de 2008), el cineasta francés Samuel Collardey hizo gala de un estilo muy personal, impregnado de delicadeza y al mismo tiempo anclado en la realidad hasta situarse en la frontera entre el documental y la ficción. Este enfoque, valedor de una nueva distinción en la Mostra de 2015 (premio a la mejor interpretación de la sección Orizzonti por Tempête [+lee también:
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), también está en su ya cuarto largometraje, Une année polaire [+lee también:
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: una cinta muy lograda presentada estos días en la Competición World Cinema Documentary de Sundance.

El director consigue un excelente equilibrio entre su sensibilidad tan humana como sencilla y el carácter impresionante del entorno al que nos arroja (el pequeño pueblo de Tiniteqiilaq, en el sur de Groenlandia), entre la dimensión etnográfica de su trabajo y los dispositivos narrativos fluidos que utiliza, para efectuar una síntesis de gran factura cinematográfica en la que la ternura que siente por sus personajes se pone de manifiesto con mucha delicadeza a lomos de sublimes secuencias sumergidas en el blanco circundante.

—¿Qué te esperabas? Esto es Groenlandia. Aquí las cosas llevan su tiempo.
—¡Que le den por culo a Groenlandia! Si es así, me vuelvo a Dinamarca.
—Muy bien, ¡vuelve a Dinamarca, gilipollas!
Para Anders, un hombre de 29 años gallardo y simpático, hijo único de padre ganadero, la desilusión le inunda el espíritu al cabo de un tiempo enTiniteqiilaq, una aldea de apenas 80 habitantes que él mismo eligió por deseo de aventuras como primera destinación oficial para ejercer su profesión de docente, a pesar de las advertencias (“allí hace un frío que pela”) que rodean la entrevista de trabajo con que se abre la película. La marcha disgusta enormemente a su padre (“¿por qué te vas allí? Es un lugar lleno de alcohólicos”). A la fiesta de despedida con sus amigos, se sucede la llegada en barco a un suntuoso paisaje glaciar y la toma de contacto con las austeras condiciones de vida locales: no hay agua corriente, hay que buscar y transportar uno mismo dos bidones de agua, por no hablar de los servicios, constituidos por una cubeta y una bolsa de plástico que un equipo de “shitmen” se encarga de llevarse tres veces a la semana. Un universo, en definitiva, bastante salvaje en el que los alumnos son ingobernables cuando no se ausentan directamente porque prefieren ir a cazar o a pescar con sus padres, quienes ignoran totalmente al profesor y pasan bastante de la lengua danesa, pudiendo comunicarse en su dialecto groenlandés. Aislado completamente a principios del invierno, Anders conseguirá, a pesar de todo, integrarse poco a poco en la comunidad, descubrir y compartir la forma de vida y las tradiciones de los lugareños (el trineo de perros, la caza y la pesca, el idioma, las auroras boreales y el iglú durante las tormentas más peligrosas) y aprender a comprender las bellezas y a los hombres de un mundo tan rudo.

Una de las grandes cualidades de Samuel Collardey es incontestablemente su arte a la hora de no caer nunca en el exceso, de saber cortar las secuencias hasta un tempo ideal (emocionar sin desbordar, por ejemplo, o jugar con el lado sobrecogedor de los paisajes sin añadir nada en ese sentido), de inyectar humor o gravedad cuando hace falta para desenrollar un relato muy bien estructurado (escrito por él mismo en colaboración con Catherine Paillé). La decisión de disponer de seis personajes principales (Anders; su referente, Julius; el cazador Tobias; el niño Asser, y sus abuelos) también demuestra ser de lo más pertinente. El director, en efecto, los filma con mucha ternura, haciendo gala de una profundidad notable en relación al asunto de su obra y de un talento innegable para llegar al corazón con ella.

Une année polaire es una producción de Geko Films. Su distribuidora en Francia es Ad Vitam y su agente de ventas internacionales, Kinology.

(Traducción del francés)

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