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ZAGREBDOX 2021

Crítica: Dubica

por 

- En su primer largometraje, Marina Aničić Spremo visita el pueblo de sus abuelos, que ha sufrido todos los problemas posibles desde la guerra de Croacia

Crítica: Dubica

A través del parabrisas de un coche, observamos un pueblo que todavía presenta las cicatrices de la guerra que terminó hace 25 años. La narradora, la cineasta Marina Aničić Spremo, nos explica su conexión con el lugar: Dubica está tan solo a una hora y media en coche desde Zagreb, y sus abuelos todavía viven allí. El pueblo también es la fuente de inspiración para su primer largometraje documental (para bien o para mal), titulado simplemente Dubica, que ha tenido su estreno en la sección Factumentary del ZagrebDox.

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Hrvatska Dubica es un pueblo ubicado en la orilla del río Una, que divide Croacia y Bosnia. En la época de la antigua Yugoslavia, esta era una zona próspera, que ofrecía diferentes oportunidades de trabajo. Entonces llegó la guerra, dejando una profunda huella en el lugar. Mientras que la reconstrucción de la posguerra se limitó a reparar y reconstruir algunas de las casas, la transición económica pasó factura al mercado laboral. La cercana ciudad de Kozarska Dubica (anteriormente conocida como Bosanska Dubica) pasó a formar parte de otro país, la República Srpska (parte de Bosnia y Herzegovina), cortando los lazos entre ellas. En consecuencia, tanto la aldea como la ciudad se encuentran estancadas, sin perspectivas de que nada cambie en un futuro próximo.

Tras esta rápida introducción, Aničić Spremo comienza la película con el testimonio sombrío de un lugareño: el campo que hay entre la carretera principal y el río era una fosa común donde se cometió un crimen de guerra. El trauma del conflicto todavía está presente en el pueblo, aunque ya nadie habla de la guerra, ya que tienen problemas más urgentes: la despoblación, la emigración de jóvenes y familias con niños en busca de una vida mejor (ya sea en Zagreb o en el extranjero), las malas perspectivas económicas, la corrupción en la política estatal, así como las nuevas leyes y regulaciones absurdas, como la prohibición de asfaltar, que no solo limita las posibilidades de encontrar trabajo, sino que también provoca inundaciones todos los años. Parece que solo los perros y los gatos pueden disfrutar de la vida en este lugar.

Sin embargo, a medida que avanza la película, Aničić Spremo y sus protagonistas parecen cada vez más dispuestos a ver el lado positivo de la vida. Las personas de diferentes nacionalidades que han permanecido en el pueblo se unen y disfrutan juntas de los sencillos rituales que suelen estar relacionados con la comida, como hacer salchichas, barbacoas, pescar, freír y asar sus capturas o cocinar goulash para el equipo de fútbol local. La gente ha perdonado a sus vecinos por lo que ocurrió en el pasado, y la vida continúa. A los niños les gusta la escuela, los ancianos debaten sobre cómo convencer al dentista para que se quede en el pueblo, y algunos jóvenes incluso regresan a Dubica al terminar sus estudios.

Marina Aničić Spremo tiene experiencia como periodista de televisión, por lo que es capaz de ver la situación desde una perspectiva más amplia y transmitir una gran cantidad de información en el contexto adecuado. La cineasta no oculta su presencia a los personajes, quienes la conocen perfectamente y están más que dispuestos a hablar con ella, pero prefiere quedarse detrás de la cámara y ser una simple observadora. La película está filmada por la propia Aničić Spremo, que sigue un código concreto para sus entrevistas: las conversaciones informales se gravan con la cámara en mano, mientras que la cámara fija se emplea en las entrevistas con funcionarios y responsables públicos, como el alcalde o el director de la escuela. Editada con gran habilidad por Vesna Biljan Pušić, Dubica es una ventana a un lugar abandonado, pero también una carta de amor que aporta un rayo de esperanza para este pueblo.

Dubica es una producción de las croatas Factum y Zagreb Film.

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(Traducción del inglés)

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