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LOCARNO 2022 Cineasti del presente

Crítica: Matadero

por 

- El director argentino Santiago Fillol transforma el escalofriante relato de Esteban Echeverría en imágenes

Crítica: Matadero
Malena Villa y Julio Perillán en Matadero

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, un ambicioso trabajo que pretende transcribir en imágenes el universo radical y revolucionario de El matadero, de Esteban Echeverría.

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El relato de Echeverría, escrito entre 1838 y 1840, denuncia los giros violentos y el totalitarismo del régimen de Juan Manuel de Rosas haciendo un paralelismo con la crueldad de los mataderos, lugares emblemáticos de explotación y muerte. El matadero cuenta la historia de un grupo de campesinos que deciden asesinar y comerse a un hombre rico, símbolo de un poder injusto y opresivo creado por los poderosos para los poderosos. El matadero sirve a Echeverría como escenario para esta matanza revolucionaria con un fuerte sabor simbólico. A pesar del aura de culto de la obra, El matadero nunca se ha llevado a la gran pantalla. Santiago Fillol acepta el desafío, consciente de los peligros que dicho proyecto puede implicar: ¿Cómo representar la extrema violencia de los actos que la sociedad ya no considera humanos? ¿Cómo hacer actual una historia ambientada en el pasado y en una época muy específica, la de Argentina en la primera mitad del siglo XIX?  

La película empieza con una cita de Echeverría: “la escena que se representaba en el matadero era para vista no para escrita”, una elección que nos hace entender el camino que ha decidido tomar Fillol. En efecto, el director de Matadero cuestiona desde el principio la posibilidad y la viabilidad de representar cinematográficamente la violencia ciega que poseía a los campesinos en el matadero. Su película está dominada por la presencia de un misterioso director argentino, Jared (Julio Perillán), que llega a las pampas argentinas para grabar su nueva película. Lo que Jared quiere es representar la revuelta de un grupo de trabajadores que deciden sacrificar a sus patrones, como animales en un matadero.

A diferencia del trabajo de Echeverría, la película se desarrolla en 1973, un momento clave en la historia de Argentina, justo antes del declive de Perón (y el consiguiente golpe de estado), cuando la persecución contra la izquierda se volvió más intensa y violenta. Los jóvenes actores de la película se están organizando para integrar la militancia clandestina. Matadero es una dedicatoria a los idealistas de los años 70, a los que lucharon por una sociedad más justa, y eso a acosta de sus propias vidas. Fillol parece querer recordarnos que no importa quién gane, lo importante es la lucha, la fuerza revolucionaria que anima la lucha.  

A pesar de una narrativa que a veces carece de ritmo y del impulso radical que domina la obra de Echeverría, Fillol consigue crear una película personal y desestabilizante. Ambientar la historia en los años 70 evita la trampa del tributo servil mientras mantiene vivo el espíritu de la obra original. En Matadero, el director argentino representa las tensiones, impulsos y luchas de poder de una época, la de los años 70, todavía relevante en la actualidad. La historia de Echeverría sirve como base a Fillol, como una matriz para contar la historia del rodaje clandestino de una película a través de los recuerdos de Vicenta (Malena Villa), la joven asistente de Jared. Matadero es una película sobre revolución, pero también sobre el final de una era y la lucha por mantener viva la esperanza de un mundo mejor, sin importar el precio.

Matadero ha sido producida por la compañía argentina Magoya Films en coproducción con El Viaje Films (España), 4A4 Productions (Francia), Nina Produccions (España) y Prisma Cine (Argentina). La compañía británica Alief gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del italiano)

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