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CANNES 2026 Quincena de los Cineastas

Crítica: Gabin

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- CANNES 2026: Al capturar diez años de vida, el documentalista Maxence Voiseux firma una notable experiencia cinematográfica, anclada en lo humano y tejida con una sutil trama

Crítica: Gabin

“Como halcones que vuelan desde el nido natal, Y contra su orgullosa miseria en rebeldía, Siervos y Capitanes desde Palos un día, Salieron, y su ensueño era heroico y brutal.” Este destello de literatura —con este fragmento del soneto Los conquistadores, de José María de Heredia—, recitado por el joven protagonista de Gabin, el excelente primer largometraje documental de Maxence Voiseux, que ha sido presentado en la Quincena de los Cineastas del 79.º Festival de Cannes, surge en apariencia como un cometa en el universo áspero de una película centrada en diez años de juventud del hijo de una granjera y de un carnicero del norte de Francia. Pero quizá no sea tan así, porque el cineasta francés demuestra, bajo la apariencia de un impresionante realismo íntimo captado a lo largo de una década, un dominio muy sutil del arte de la sugerencia y de la puesta en escena.

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En la familia Jourdel, Gabin, un chico amable al que descubrimos con ocho años, deja entrever sus dudas ante la idea de hacerse cargo algún día de la carnicería de su padre (“me gustaría dedicarme a un oficio con animales vivos”). Pero, como le confiesa a su amiga del colegio, Lilou, tampoco será fácil con la granja de su madre (“ya está en quiebra, no tenemos el material, solo un tractor y un remolque. Solo de pensar en perder las vacas, se me parte el corazón”).

El tiempo pasa, Gabin (que vive en Bavincourt, en Artois) crece y cambia, sustituye las figuritas de su infancia por el videojuego Farming, ayuda a su madre Patricia (con quien mantiene una tierna complicidad) en la granja, y sufre cierta presión, torpe y negativa, por parte de su padre Dominique, para que tenga éxito en los estudios. Porque ahora tiene 14 años, y es el momento de las primeras decisiones sobre el futuro: ¿qué instituto? ¿En régimen de internado? ¿Qué profesión elegirá? Un punto de inflexión en plena crisis de la adolescencia (“me da igual lo que pase después”), alimentada por una tensión creciente con un padre contrariado por no tener un sucesor en la carnicería. ¿Hacia qué destino se orientará Gabin? ¿Cómo vivirán sus padres su emancipación? ¿Alzará el vuelo hacia otros horizontes?

Al construir con gran habilidad, a través del montaje, los diez años que abarca su película, el director despliega de forma progresiva y sutil una visión global de su tema, sabiendo además dejar muchos elementos fuera de campo. Al fundirse por completo en la vida cotidiana de su protagonista con una increíble cercanía invisible, traza un retrato de la juventud muy entrañable y ofrece una instantánea de la humanidad, la cultura y la economía locales con gran precisión. Pero, sobre todo, de manera subyacente, lleva a cabo una especie de análisis transgeneracional profundo, sacando incluso a la luz nudos familiares. Un truco de magia ejecutado con la elegancia de una discreción salpicada de múltiples pequeños detalles significativos, desarrollados mediante una puesta en escena de enorme sutileza. El pequeño Gabin ha crecido, pero también lo ha hecho su pigmalión cineasta.

Gabin ha sido producida por la francesa Alter Ego Production con las alemanas Ama Film, SWR y Arte, y las suizas Rita Productions y la RTS. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Lightdox.

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(Traducción del francés)

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