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Crítica: El ilusionista

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La simple magia de la vida

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- Esta película de animación espléndida, poética y emocionante supone un viaje no solo en el tiempo, entre los bastidores del teatro, sino también por Escocia y por la obra de Jacques Tati

Crítica: El ilusionista

La originalidad es un don que no precisa de fronteras físicas, de límites temporales para los artistas, un don que se resiste a los vientos frívolos de la moda y prefiere, en lugar de la repetición, explorar nuevos territorios que añadir a una larga tradición de excelencia. Así, el director francés Sylvain Chomet, tras el éxito fulminante de Bienvenidos a Belleville [+lee también:
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–estrenada en el Festival de Cannes de 2003 y nominada al Oscar al año siguiente– deja el barroco por la perspectiva y cambia el humor negro por una ternura nostálgica en esta adaptación de un guión inédito de Jacques Tati. El ilusionista [+lee también:
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es el resultado de atrevidas elecciones que van en el sentido opuesto de la propensión al 3D. Presentada en el festival de Berlín en 2010, esta coproducción britanico-francesa es una obra maestra, portadora de una vision y de un oficio muy personales que simbolizan un inconformismo sutil que hunde sus raíces en la historia del cine de animación. El encanto irresistible de este viaje al pasado le otorga a Sylvain Chomet la ejecutoria y a los espectadores, un billete para un regenerativo regreso a los principios de la dimensión humana, lejos del tumulto provocado por los superhéroes, ogros, dragones y demás criaturas que se acumulan estrepitosamente en el imaginario de la infancia actual.

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La transición de una época a otra, el delicado relevo de una generación que envejece a una juventud sedienta de novedades y los solitarios bastidores del mundo del espectáculo son los principales temas que bosqueja el guión de El ilusionista. Apoderándose de una historia desarrollada por una personalidad cinematográfica con un estilo tan personal como Jacques Tati, Sylvain Chomet ha decidido tomar el peligroso camino del homenaje: el protagonista principal de su película, un mago que se ve desbordado a finales de los años cincuenta por el rock emergente, es claramente un doble de Tati. No en vano, el personaje mantiene su elegancia en el vestir, tiene una constitución física estirada y tambaleante, un comportamiento vacilante, miradas intensas y discretas, una amabilidad afectuosa... L’illusionniste, no obstante, esquiva la trampa de la hagiografía con un relato que hace hincapié en lo poético mediante la ausencia de una lengua bien definida: los personajes chapurran mínimamente el francés, el inglés o el gaélico. Al público se le ofrece, así, la libertad de decodificar a su antojo las peripecias, en una maniobra que subraya el poder de sugestión del dibujo y de la música.

La intriga de la película privilegia el horizonte del viaje y la simplicidad narrativa sobre la complejidad de los hechos. El mago, enfrentado a un fracaso cada vez mayor, lleva su búsqueda de trabajo desde París hasta Edimburgo, pasando por Londres y por una de las islas Hébridas interiores. Los trenes atraviesan paisajes deslumbrantes; las luces y la arquitectura de la capital escocesa ofrecen infinitas posibilidades visuales muy bien aprovechadas por el director gracias a la riqueza de los dibujos a mano. Un joyero gráfico para un emotivo encuentro entre el viejo artista y la joven ingenua que lo seguirá en su vida de bohemio miserable. Entre ambos surgirá una relación filial a través de la dulzura y de los regalos del ilusionista, que asistirá al descubrimiento del mundo y a la transformación de la niña que se convierte en mujer antes de esfumarse con delicadeza y desaparecer. Dos caminos que se cruzan en un hermoso encuentro efímero y profundo, como el de Sylvain Chomet con Jacques Tati; el de un director francés con Escocia; el de un artista contemporáneo de la animación con la intemporalidad de la creación.

(Traducción del francés)

galería de fotos

título internacional: The Illusionist
título original: L'Illusionniste
país: Reino Unido, Francia
ventas en el extranjero: Pathé International
año: 2010
dirección: Sylvain Chomet
guión: Sylvain Chomet

premios/selecciones principales

Berlinale 2010 Berlinale Special
César 2011 Mejor película de animación
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