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Crítica

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Melody: Dos madres frente a frente

por 

- Bernard Bellefroid aborda nuevamente la intimidad familiar, esta vez con el asunto de las madres de alquiler como telón de fondo y con unas brillantes Lucie Debay y Rachael Blake como protagonistas

Crítica

El segundo largometraje de ficción del belga Bernard Bellefroid, tras La Régate [+lee también:
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(ganadora del premio del público en el festival de cine francófono de Namur en 2009), Melody [+lee también:
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, recibió los honores de la competición del festival de cine francófono de Angulema y ha valido a sus protagonistas, Lucie Debay y Rachael Blake, el premio compartido a la mejor actriz en Montreal. Patrick Quinet, Claude Waringo y Serge Zeitoun son los productores de esta cinta que sigue los pasos de una joven que atraviesa una situación económica tan precaria que se ve obligada a aplazar la apertura de su proyecto de peluquería. Melody cuenta con una clientela fiel y feliz. Peina a domicilio y los pírricos ahorros que logra los reúne en una bolsita de plástico. Sin embargo, para hacer realidad su sueño necesita más dinero. Melody, de mirada inquietante, ha pasado por mil y una batallas y, un día, decide librar una más: hacer de madre de alquiler. Así es como conoce a Emily (Rachael Blake): una rica inglesa estéril desde una operación quirúrgica.

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Emily es una mujer robusta y constante, tan severa como determinada; ella se encarga de organizarlo todo. Melody será la madre de su hija. Todo está planificado: desde la fecundación in vitro hasta el parto en Ucrania, la joven madre de alquiler estará con ella en Gran Bretaña. Al cabo de la primera media hora de película, Bellefroid traza con elegancia los contornos de esta especie de relato a puerta cerrada durante el cual ambas mujeres deberán desembravecerse. Dejados atrás los viejos huecos de las escaleras en que Melody, vagabunda, pasaba sus noches, la película se sumerge en otro decorado bien distinto: una gran villa con vistas al canal de La Mancha. Melody padece dudas e incertidumbre. ¿Podrá separarse sin más del bebé que lleva en sus entrañas nada más parirlo?

A medida que el malestar de la joven se asienta y se engrandece, el director va quitando el velo que cubre a su "jefa", Emily. Bellefroid muestra heridas profundas. Ella es mucho mayor; las debilidades que disimula bajo una aparente frialdad se revelan una a una al espectador mediante un gran respeto por el personaje y un tacto digno del mejor de los novelistas. A ello hay que sumar la interpretación de Rachael Blake, impecable, justa, manifestando en su rostro rasgos de tensión que poco a poco desaparecen a medida que descubre en Melody a una verdadera aliada, una confidente, y no sólo una madre de alquiler. La puesta en escena de los sentimientos de esta mujer madura nunca son exagerados ni desmedidos; en ocasiones, son hasta un poco indescifrables: tal es el cuidado con que se tratan en la película, lo cual, sin duda, constituye uno de sus puntos fuertes.

Se abordan con coraje varios temas en la cinta: la gratitud, la ausencia, la soledad, la transmisión. Bernard Bellefroid habla de lo que significa ser una madre de alquiler como muy pocas veces se ha hablado en el cine. En lugar de adquirir una visión amplia, escoge estrecharla hasta que sólo aparecen sus dos personajes, consiguiendo con Melody una obra íntima, un drama sensible del que ya no es posible salir indemne.

(Traducción del francés)

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